sábado, 2 de julio de 2011

La verdad sobre el caso Savolta (Eduardo Mendoza).

La verdad sobre el caso Savolta era uno de los pocos, si no el único, título de literatura contemporánea española que se citaba en mis libros de bachillerato. Desde entonces había tenido la curiosidad de leerlo, además de por su título, que me parece enormemente sugestivo.

Pues bien, no cabe duda de que los redactores de mi libro de literatura acertaron de pleno con su inclusión, pues La verdad sobre el caso Savolta puede ya calificarse sin temor a error como una obra clásica de la literatura española, una novela excelente desde todos los puntos de vista.

El relato está muy bien estructurado, su argumento es muy interesante, los personajes bien caracterizados, la ambientación fidedigna, la prosa excelente, y la resolución del caso Savolta, pues de una novela de trasfondo policiaco se trata, brillante.

Como sabrá el lector fiel a este blog, mi lectura de La verdad sobre el caso Savolta, ha sido posterior a la de Riña de gatos, lo que me ha permitido comprobar la extraordinaria vigencia de aquélla. No se aprecia el menor indicio del paso del tiempo, y si ignorante de su fecha de publicación (1975), me hubieran dicho que La verdad sobre el caso Savolta era el último libro de Mendoza, lo habría creído sin dudarlo. Pero no. Se trata de su primera obra y, con todo merecimiento, tuvo un éxito considerable desde el mismo momento de su aparición (de donde se deduce que el éxito no tiene porqué ser enemigo natural de la calidad literaria, como algunos tratan de hacernos creer).

A mí, digo, me ha merecido la pena el haber pospuesto esta lectura, pues sin duda he sabido apreciarla mejor que de haberla acometido en una fecha más cercana a su publicación. Pero no espere más el lector de este post si es que no la ha leído ya. Arrincone alguna de las dudosas novedades que las editoriales tratan de vendernos (¡horror, John Verdon, el autor de Sé lo que estás pensando, ha vuelto a publicar!) y déjese arrastrar de la mano de la prosa ágil de Eduardo Mendoza por el sórdido y violento ambiente barcelonés de entreguerras.

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