
La estructura de la novela es más
que rígida y facilona. Transcurriendo la acción en Barcelona y el Sahara, el
autor alterna férreamente los capítulos en uno y otro escenario: capítulos impares
en España y pares en África (o viceversa, que no recuerdo bien).
La trama es
correcta, aunque quizás desmedida, confusa y poco creíble en algún caso, como
en la descabellada aventura que corre la protagonista entre ex legionarios,
argelinos y saharauis a su llegada a África, en un viaje provocado por una más
que extraña coincidencia, que es, precisamente, la que sustenta el argumento de
toda la obra: la narración de una gran historia de amor que se mantiene a lo
largo del tiempo, la distancia y las clases sociales.
El desenlace final, que se
pretende sorprendente, se lo huele uno desde que aparece en escena el curioso
personaje que lo provoca, aunque ciertamente no deja de ser razonable visto el
desarrollo de la novela y las peripecias que sufren los protagonistas.
Leí esta novela después de El tiempo entre costuras, que apareció unos
años más tarde, y hay algún episodio, sobre todo al principio, que desprende un
alarmante tufillo a ese best seller español, quizás porque su autora de alguna
manera se inspiró en ésta que comentamos ahora. Afortunadamente, la cosa se remedia
en cierta medida, y tenga la tranquilidad el lector de que en la comparación
entre ambas novelas, sin duda la de Leante sale vencedora, lo que ya es algo.
Precisamente, ahora que también
nos castigan en televisión con las peripecias de la costurera espía, echamos de
menos una película basada en Mira si yo te querré, pues como base de un guión
cinematográfico de película de aventuras, podría tener mayor interés.
En conclusión, no desaconsejo su
lectura, pues está correctamente escrita, y las aventuras que narra son
entretenidas. Pero no espere el lector más exigente encontrarse con la gran
novela de la década, sino con una obra cuidadosamente seleccionada para que su
promoción con el premio otorgado le permita una fácil llegada al gran público
y, paralelamente, unos ingresos generosos a la editorial. Marketing literario,
ciertamente, pero también podría haber sido peor.